Ser neurodivergente ha supuesto históricamente una persecución. Cuando no era en la Antigua Grecia, era en la Inquisición, luego vino la marginación social y ahora estamos sufriendo la vergüenza de haber tildado de oscuro algo que es naturalmente maravilloso, aunque duela en un entorno saturado de ruido y normas sociales estúpidas. El trabajo no está finalizado: la ciencia se sigue moviendo y aún quedan muchos mitos sobre neurodivergencia que decapitar sin piedad.

El doloroso estigma del neurodivergente en 9 leyendas sin sentido
No estamos aquí para pedir inclusión porque cualquier ser humano está incluido automáticamente en el sistema desde que nace. Estamos aquí para señalar que el edificio está mal construido. Estos son los 9 muros de carga que sostienen el circo de la desinformación sobre la neurodivergencia:
Genios aislados con superpoderes ocultos
La neurodivergencia es una configuración del sistema operativo, no un «mod» de superpotencia. Hay autistas con todo tipo de capacidades, al igual que hay neurotípicos con todo tipo de capacidades. El autismo es un espectro amplio como lo es la inteligencia. Lo peor de este relato tóxico es que representa una forma de reduccionismo a la utilidad: si no eres un genio, el mercado no te encuentra interesante.
La neurodivergencia es una etiqueta de moda
Sí, neurodivergencia es una etiqueta en cuanto el sistema es más complejo que la palabra que lo trata de describir, pero no es una moda. Se argumenta que ahora todo el mundo es neurodivergente: otro error. El porcentaje sigue siendo el mismo, pero el número de diagnósticos es mayor en cuanto que la ciencia ha avanzado. El autismo, el TDAH y otras neurodivergencias han estado presentes siempre, pero se etiquetaban como locura, rebeldía, amenaza, infantilismo, etc. No estábamos actualizados, ahí acaba el mito.
La neurodivergencia como discapacidad
Lo que el sistema etiqueta como discapacidad en el caso de la neurodivergencia suele ser una incompatibilidad con el entorno, que está diseñado para el estándar y no para la excepción estadística. Este sesgo no se aplica solo en la neurodivergencia, sino también en emociones como la ansiedad. Cuando no encajan en la expectativa se tratan como patologías o discapacidades. La ansiedad no es ninguna discapacidad, es una alarma biológica que suena porque el entorno es insostenible. Hay que hacer una limpieza semántica para recuperar el control de nuestra arquitectura mental.
El autista robótico y lógico
La frialdad aparente del autista es un muro de contención. Parece robótico porque sostiene una gran cantidad de energía, fruto de un análisis constante del entorno para mimetizarse con él, el famoso masking. Pero este enmascaramiento no tiene nada de oscuro o místico, es que lo que regula a un autista, que bien podría ser morderse las uñas hasta el infinito, no está bien visto socialmente. La lógica por la que se rigen parece robótica desde la fluidez de la hipocresía, pero es el lenguaje natural que permite que el sistema no colapse por exceso de estímulos o incoherencias. Lo que nos lleva directamente a otro mito.

El neurodivergente es maleducado
Lo que la sociedad entiende como buena educación es un código de normas sociales basadas en un sistema, generalmente hipócrita, que tiende a forzar una apariencia de naturalidad en lugar de ser simplemente natural. La mala educación pasa a ser, desde la vista lógica, falta de hipocresía o transparencia radical. La verdadera mala educación es la falta de ética, no la falta de protocolo.
La neurodivergencia se cura con la terapia
El neurodivergente va a terapia por las mismas razones que cualquier otra persona: aprender a habitar su mundo emocional y adaptar su entorno para que garantice su bienestar. La neurodivergencia es como ser pelirrojo, es excepcional, pero no necesita cura o tratamiento. Lo que se necesita es entender cómo cuidar correctamente el pelo para lucir estilazo.
Con esta, ya van quedando menos falsas leyendas.
El autismo conlleva un déficit intelectual
Según la mitología de la neurodivergencia, si no eres un genio aislado, entonces eres un tonto de remate. Elon Musk no existe en este relato. Otro argumento es que hay dificultades de aprendizaje. De nuevo, error. Si el sistema de estudio está hecho para el estándar, el cerebro que no destaque en esas áreas es tildado de deficiente. Pero la realidad es que si dejas que el sistema neurodivergente opere en su entorno natural puede destacar en áreas variadas bastante por encima de la media.
El interés restringido o mono tema del autista
Cuenta la leyenda que el autista solo es capaz de hablar de un tema alrededor del que gira su vida. Los famosos intereses restrictivos. La realidad es que el autista estudia con mucho más zoom las tareas que encuentra estimulantes, de manera que no le queda energía para lo irrelevante. El neurotípico, por su parte, puede abordar superficialmente muchos más temas sin agotarse tan rápido. La diferencia está en el foco y la profundidad.
Además, siendo realistas, ¿a quién le place iniciar un debate sobre un tema que le aburre hasta la saciedad?
Autismo como grado de psicopatía emocional (¡Por favor!)
Hay una tendencia absurda a asociar el autismo con la psicopatía por características superficiales como la frialdad aparente, la falta de protocolos sociales y la mirada. Al desgranar la lógica de la empatía queda al descubierto que lo que parece lo mismo es, en realidad, radicalmente opuesto.
En estos mitos sobre neurodivergencia hay una gran injusticia -la de señalar a alguien injustamente- y un gran peligro -el de no ser capaces de detectar la amenaza de lo inofensivo-. Por eso, la leyenda sobre el psicópata emocional merece un capítulo aparte.
Lo único disfuncional es el entorno donde habita la neurodivergencia
Ni es un error de sistema ni un kit de piezas que vinieron mal de fábrica; es una arquitectura alternativa. El circo de los mitos sobre neurodivergencia se mantiene en pie porque la mayoría prefiere la comodidad de la leyenda a la complejidad de la realidad, incluso cuando eso supone un encaje patológico. Pero tú ya tienes el bisturí: a partir de ahora, cada vez que escuches uno de estos mitos, recuerda que no estás ante un hecho biológico, sino ante un error de diagnóstico social. Es hora de dejar de pedir perdón por no encajar en un molde que, en realidad, nunca fue diseñado para que tú pudieras respirar en él.
